Los expertos
desconfían del método de un médico chino para
curar la paraplejia
ALEJANDRA RODRÍGUEZ
4 Diciembre 2004

Miles de parapléjicos
han puesto sus esperanzas en Huang Hongyun./ El Mundo
El propio Huang
-el 'doctor' 'milagro', como le llaman sus pacientes- admite en una
entrevista concedida al diario británico 'The Guardian' que no
sabe bien cómo funciona el método por el que puede curar
la parapelejia y otras enfermedades nerviosas como la Esclerosis
Lateral Amiotrófica (ELA).
Artículo británico: http://www.guardian.co.uk/china/story/0,7369,1363339,00.html
Lo poco que se
sabe de él es que, en una intervención de entre cinco y
ocho horas, este médico chino accede a la zona de la
médula lesionada (en el caso de los parapléjicos) o al
cerebro (si lo que sufren es ELA) e inyecta directamente una gran
cantidad de células procedentes del bulbo olfatorio de fetos
abortados a las 16 semanas que, anteriormente, han sido cultivadas
durante 10 días en un medio líquido cuya
composición Huang también se resiste a desvelar.
TESTIMONIOS
Afirma que a
él no le mueve el dinero, pero por esta intervención
cobra unos 20.000 dólares (cantidad similar en euros). Esto no
ha impedido que miles de pacientes de todo el mundo hayan volado a
Beijing, ciudad donde está ubicado el modesto hospital en el que
este médico practica su método, para probar suerte.
Prácticamente
todos los que ya han pasado por sus manos dicen estar mucho mejor,
incluso pocas horas después de haber abandonado el
quirófano. No son capaces de mover un milímetro sus
miembros paralizados, pero afirman «sentir» su propio
cuerpo o haber dejado de sufrir convulsiones. En definitiva,
pequeños adelantos que para ellos suponen un salto cualitativo.
Huang asegura
que los resultados finales tardan unos dos años en llegar y que,
entre tanto, los pacientes deben someterse a un duro programa
rehabilitador. No obstante, al no haber probado antes esta
técnica en humanos, no se conocen ni sus efectos secundarios, ni
su evolución a largo plazo, ni siquiera los resultados
definitivos.
En realidad, el
trasplante de glía envolvente del bulbo olfatorio ya fue noticia
en 1999 (aunque los primeros datos al respecto datan del año
91). Un equipo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa del
CSIC, logró devolver la sensibilidad y funcionalidad gracias a
este injerto a un grupo de ratas parapléjicas con la
médula totalmente seccionada.
En su
día, la directora del estudio, que actualmente está
llevando a cabo este trabajo en primates no humanos en el Instituto de
Biomedicina de Valencia, declaró que este procedimiento
«abre una nueva esperanza en la búsqueda de un tratamiento
para las lesiones medulares en humanos y para las patologías en
las que el sistema nervioso central requiere crecimiento axonal
[regeneración de las conexiones nerviosas] para su
curación».
Aunque los
expertos occidentales han mostrado interés en estos avances,
Huang se niega a contrastarlos en un ensayo clínico doble ciego
y controlado con placebo. En ellos, para verificar la técnica o
medicamento que se quiere probar, ni el médico ni los pacientes
saben quién recibe la terapia y, además, un grupo de
participantes recibe un tratamiento 'falso'.
El médico
chino se escuda diciendo que no le parece ético someter al grupo
control a un riesgo quirúrgico para luego no inyectarles las
células fetales, pero lo cierto es que no tiene ningún
reparo en emplear tejido procedente de abortos, muy frecuentes en China
debido a la política del hijo único. «Nuestras
consideraciones morales no son las mismas», se defiende. En
Occidente, se investiga con células autólogas (propias),
animales y, poco a poco, con injertos de embriones congelados,
desechados de los ciclos de fecundación 'in vitro'.
Tampoco es muy
transparente al explicar el proceso reparador. «Estas
células son muy especiales, tienen varios tipos de factores de
crecimiento que modifican su entorno y ayudan a las fibras nerviosas a
recuperarse», esboza. Para casi todos sus colegas, esto no basta.
Otros
«milagros» frente a dolencias muy temidas
No
es la primera vez que los medios de comunicación se hacen eco de
un supuesto método revolucionario para curar una enfermedad para
la que la ciencia convencional no tiene solución. En algunos
casos se trata de mera charlatanería sin fundamento, en otros,
de medias verdades o exageraciones.
En
esta ocasión, el doctor Huang se ha saltado todo el protocolo
científico vigente -pruebas con cultivos en el laboratorio,
después en ratones, más tarde en animales más
parecidos al ser humano, como cerdos, perros o primates y, finalmente,
en muestras seleccionadas de pacientes, antes de llegar a la
práctica clínica generalizada- y está tratando a
sus enfermos como a conejillos de indias.
Es
legítimo que estos individuos desesperados estén
dispuestos a ello, pero la obligación de los médicos es
informar de qué métodos están contrastados
científicamente y cuáles no. He aquí algunos
ejemplos de remedios 'milagrosos' que se han extendido como un reguero
de pólvora a pesar de no tener datos en los que sustentarse.
-
Bio-bac.
Sus
promotores jamás se ajustaron al método
científico, pero lograron poner en circulación un
producto que supuestamente estimulaba el sistema inmune y era capaz de
luchar frente al sida y al cáncer, entre otras graves
patologías. El Ministerio de Sanidad lo retiró en medio
de un gran revuelo popular. Después de analizarlo, se
comprobó que muchos de los viales estaban contaminados con
hongos y que su actividad terapéutica era nula.
-
Di Bella.
Este
oncólogo italiano se empeñó en curar el
cáncer con un brebaje misterioso. Las autoridades italianas se
vieron obligadas a gastar millones de liras en demostrar que todo era
un engaño.
-
Cartílago de tiburón.
Esta
misma semana, la revista 'Cancer Research' publicaba un trabajo en el
que desmentía las supuestas cualidades anticancerosas de este
producto. Según sus defensores, los escualos no desarrollan
tumores gracias a una sustancia que contiene su blando esqueleto. En
primer lugar, estos animales sí pueden sufrir cáncer. Por
otra parte, no hay un solo dato que demuestre su efecto antitumoral.
Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2004/597/1102114812.html
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