ACTIVACIÓN
CEREBRAL POR LA PRÁCTICA SEXUAL
La hormona que provoca la aparición de nuevas células en el
cerebro, después de la actividad sexual, puede ser clave para la
recuperación de un ataque cerebral.
Helen Branswell, Canadian Press, Toronto – 2 Enero 2003
El apareamiento provoca el desarrollo de neuronas nuevas en el centro olfativo
del cerebro, un descubrimiento que los investigadores esperan que proporcione
pistas sobre el modo de actuar en otras partes de los órganos vitales,
para repararse por sí mismos, después de las lesiones causadas
por infartos o traumas cerebrales. Esta posibilidad se basa en el hallazgo
de que una hormona natural, la prolactina - cuya producción se acentúa
después del sexo y durante el embarazo - incita las células
madre del cerebro a producir nuevas neuronas en el bulbo olfativo del cerebro.
Samuel Weiss, un
experto en biología neurológica de las células madre,
de la facultad de medicina de la Universidad de Calgary, dijo: "La importancia
de todo esto, más allá de la biología básica de
las células madre, es el hecho de que la prolactina puede ser una importante
molécula neurogenésica que puede tener un potencial significativo
para engendrar nuevas células del cerebro".
Weiss es el autor
principal del estudio, publicado en la revista Science. El trabajo fue una colaboración
entre su laboratorio y el de James Cross, que también forma parte del
grupo de investigación de genética y desarrollo de la Universidad
de Calgary.
Los investigadores
partían de la base de un descubrimiento que Weiss comunicó
aproximadamente hace diez años: los cerebros de los ratones adultos
contienen células madre, los ladrillos del cuerpo. Las células
madre tienen la capacidad de convertirse en cualquier tipo de célula.
Más adelante se vio que el cerebro humano adulto también contiene
células madre.
Esas conclusiones
se consideraron de gran trascendencia, porque durante mucho tiempo se había
creído que el cerebro no puede generar células nuevas para
reemplazar o reparar las células perdidas por las lesiones.
Con el tiempo, Weiss
y sus colaboradores llegaron a la conclusión de que el papel principal
de estas células madre era la producción de nuevas neuronas
- las células del cerebro que se comunican entre sí - para
el bulbo olfativo.
Las células
madre se localizan en otra parte del cerebro y las neuronas que producen
han de migrar al bulbo olfativo. Una vez allí, se "diferencian", que
quiere decir que maduran y se convierten en un tipo específico de
célula, neuronas del bulbo olfativo en este caso.
Posteriores trabajos
demostraron que unos ratones hembras, diseñados genéticamente
para contener menos células madre - y por lo tanto menos neuronas
nuevas en el bulbo olfativo - eran madres menos atentas a sus crías.
Sabemos que el sentido
del olfato es crucial para el apareamiento y para la crianza de la prole,
y que permite tanto a los animales superiores como a los insectos reconocer
a sus compañeros y a la progenie.
Al trabajar con ratones,
los investigadores de Calgary determinaron que había un aumento destacado
de la producción de neuronas en el bulbo olfativo durante las primeras
fases del embarazo y poco después del alumbramiento. La hormona que
parece desencadenar esta producción es la prolactina, que interviene
en varios cambios fisiológicos cruciales en las hembras, durante el
embarazo y después de dar a luz.
La hormona también
se presenta en los machos, en donde tiene obviamente una función diferente.
Weiss y sus colaboradores
descubrieron que los niveles de prolactina - y por consiguiente la producción
de nuevas neuronas – también se incrementan después de la cópula.
Y vieron que al inyectar la prolactina en el sistema circulatorio también
se estimulaba la producción de nuevas neuronas para el bulbo olfativo.
Aunque no estén
seguros de que el mismo proceso ocurra en el ser humano, se sabe que la práctica
del sexo provoca un súbito aumento de prolactina en las personas.
Weiss reconoció
que algunos investigadores se interesarán en sus descubrimientos por
lo que dicen sobre el apareamiento y el sentido del olfato.
Pero él y
sus colaboradores quieren ver si el proceso que han descubierto puede modificarse
para enviar nuevas neuronas a otras partes del cerebro. Otro estudio, publicado
el año pasado en la revista Nature, sugiere que puede ser posible.
Los investigadores
que trabajan con ratas informaron que, en el caso de daños cerebrales,
algunas células madre redireccionaron espontáneamente neuronas
nuevas hacia la lesión, pero en número insuficiente para reparar
el daño.
Weiss, que ha estado
colaborando con Bryan Kolb en la Universidad de Lethbridge para probar la
teoría, manifestó que si fuera posible ‘engañar’ a las
células madre para enviar una cantidad suficiente de nuevas neuronas,
se obtendría en principio un método para aumentar el proceso
de autoreparación del cerebro y facilitaría una mejor recuperación
funcional después de un ataque.
Manifestó
que "tenemos alentadores datos preliminares que sugieren que las nuevas células
cerebrales, generadas a partir de células madre, pueden redireccionarse
a zonas del cerebro del roedor que esté dañado después
de un ataque, y esto da como resultado la mejora parcial de la capacidad
del animal para mover las extremidades".
Si se demuestra esta
teoría, quizás proporcione también varias pistas para
mitigar el daño que causan las enfermedades neurodegenerativas, como
Parkinson o Alzheimer.
Esta investigación
ha sido financiada por varios organismos canadienses, incluyendo a la Sociedad
de Esclerosis Múltiple de Canadá.
Multiple Sclerosis Society of
Canada
© Canadian Press
Fuente: http://ca.news.yahoo.com/030102/6/r5q5.html
Versión en español:
Lluís Compte, Enero 2003.