Los últimos estudios
epidemiológicos están demostrando que la
incidencia de la esclerosis múltiple (EM) está
creciendo de forma progresiva en el mundo.

El aumento no es atribuible únicamente a que esta enfermedad
neurológica se diagnostique cada vez más y mejor,
sino al hecho de que, efectivamente, su incidencia se está
incrementando, en especial en mujeres de más de 40
años, ha explicado Xavier Montalbán, director del
Centro de Esclerosis Múltiple de Cataluña
(Cemcat) y de la Unidad de Neuroinmunología
Clínica del Hospital Universitario del Vall d'Hebron, de Barcelona.
En Dinamarca, por ejemplo, se ha constatado un aumento situado entre un
20 y un 30 por ciento más de nuevos casos respecto a veinte
años atrás, gracias a que ese país
dispone de un registro obligatorio de EM, ha comentado el
neurólogo, quien ha remarcado que, por ahora, se desconocen
las causas de este fenómeno.
Montalbán ha sido uno de los dos líderes de
opinión españoles que han intervenido en un
simposio internacional organizado por Serono en Berlín y que
ha contado con 650 especialistas.
Genes y formas benignas
En dicha reunión se ha
comentado un reciente estudio, publicado en The New England Journal of
Medicine, donde se identificó por primera vez en una amplia
muestra de pacientes (10.000 en total) dos genes de susceptibilidad a
la EM: IL-2R e IL-17R. En ese trabajo, coordinado desde Cambridge, ha
participado el grupo de Montalbán.
En la citada reunión internacional también se ha
debatido sobre la esclerosis múltiple benigna,
¿un mito o una realidad? En referencia a esta
cuestión, los expertos han concluido que el porcentaje de
formas benignas es escaso y que, al estudiarlas desde el punto de vista
cognitivo, ya no pueden considerarse como tales y quedarían
fuera de la clasificación de benignas.
La escala MSSS (siglas inglesas de Multiple Sclerosis Severity Score),
publicada en el año 2005 en Neurology, apenas la
está utilizando el colectivo de neurológos.
Dicha escala fue el resultado de otro amplio estudio en el que se
siguió la evolución de 10.000 pacientes y en el
que participaron grupos de investigación de once
países; de nuevo, entre ellos estaba el de
Montalbán.
La diferencia entre esta escala y otro instrumento disponible es que la
MSSS no mide la discapacidad, sino la gravedad, por medio de un
algoritmo. Y "la gravedad es la palabra clave en esclerosis
múltiple", ha subrayado Montalbán.
Como ejemplo, ha explicado que dos pacientes, uno de 20 años
y otro más mayor, pueden tener la misma discapacidad. Sin
embargo, la gravedad sería más discreta en el
primer caso y más acusada en el segundo.
Una sola visita
El neurólogo catalán ha destacado que esta escala
permite medir la gravedad en una sola visita, clasificar al paciente
según el mayor o menor grado de deterioro y, en
función de los datos que se obtengan, decidir aplicar una
terapia más o menos intensa, así como estudiar
cuál es el efecto a largo plazo de los fármacos
en nuestras poblaciones.
Al respecto, Montalbán ha añadido que "hay
estudios con un seguimiento máximo de tres años
de los tratamientos disponibles para la esclerosis múltiple,
mientras que la enfermedad dura en torno a treinta o cuarenta
años.
La aplicación de la escala MSSS permitiría predecir hasta qué punto estas terapias frenan el proceso. Por todas estas razones, el uso de dicho instrumento debería extenderse entre los neurólogos, ha aconsejado.