| María Poveda |

El aumento del consumo de cannabis entre los jóvenes contrasta con los intentos para su utilización con fines terapéuticos. Esta dualidad droga de abuso-fármaco existe en la medicina desde hace años con los opiáceos (heroína-morfina) y está perfectamente aceptada. Por eso se espera que el mejor conocimiento de los mecanismos de acción de los derivados del cannabis permita definir su empleo farmacológico, tal y como se ha comentado en el XL Congreso de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática. "Los derivados del cannabis se pueden utilizar con varios fines, pero la aplicación médica no debe banalizar su utilización recreativa", ha señalado Marta Torrens, del Servicio de Psiquiatría y Toxicología del Hospital del Mar, en Barcelona.
A la hora de aplicar el cannabis con fines médicos, es clave la relación porcentual entre sus dos principales sustancias activas, el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol, pues "el primero es responsable de los efectos psicoactivos y de la dependencia, mientras que el cannabidiol antagoniza los efectos del THC", ha apuntado Magi Farré, de la Unidad de Farmacología del Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM), de Barcelona. Por tanto, cuanto mayor es la diferencia entre el porcentaje de THC y el cannabidiol, mayores son los efectos psicoactivos del cannabis, una relación modulable para su uso farmacológico.
Actualmente existen al menos cuatro preparados farmacéuticos a base de cannabis (comercializados en Reino Unido, Estados Unidos y Canadá), con indicaciones como antieméticos para la quimioterapia, para la caquexia asociada al VIH o para el dolor neuropático de la esclerosis múltiple. En España sólo se puede prescribir para uso compasivo, previa autorización.
Pero el potencial de aplicación del cannabis en biomedicina es aún mayor. Estudios experimentales expuestos por José Antonio Ramos, catedrático de Bioquímica y Biomedicina de la Universidad Complutense de Madrid, han observado una acción beneficiosa en trastornos motores del Huntington, en Parkinson y esclerosis múltiple; además, han encontrado un efecto del cannabis sobre receptores CB2 con propiedades apoptósicas y, por tanto, antitumorales.
Aparte de utilizar el cannabis natural como fármaco, Ramos ha destacado el papel del sistema cannabinoide endógeno como diana terapéutica para el desarrollo de agonistas y antagonistas que lo modulen. El rimonabant, un antagonista del receptor CB1, es el primero de su clase y estará en breve en el mercado para facilitar la pérdida de peso.
Por último, las técnicas de neuroimagen servirán para estudiar in vivo los efectos del cannabis sobre el cerebro. Una revisión de los trabajos realizados hasta la fecha, presentada por Rocío Martín Santos, del Hospital del Mar y el IMIM, "pone de manifiesto la existencia de problemas metodológicos y falta de homogeneidad entre ellos, lo que impide sacar conclusiones adecuadas".