Las iPS acaparan más
atención en los foros biomédicos confirmando que
son una alternativa a las troncales embrionarias y adultas.
Sonia Moreno
30/05/2008

Las II Jornadas de Medicina
Regenerativa, organizadas por el Hospital Universitario Gregorio
Marañón, en Madrid, y la Fundación
Investigación Regenerativa y Salud, arrancaron ayer con una
mesa dedicada a las células pluripotenciales inducidas o
iPS. Natalia López Moratalla, catedrática de
Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad
de Navarra; Antonio Bernad, jefe del Departamento de
Cardiología Regenerativa de la Fundación Centro
Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III, y Lluis
Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, analizaron
las expectativas del nuevo tipo celular y su papel como una tercera
vía alternativa a las troncales embrionarias y adultas. En
plena ebullición científica, con un ritmo de
publicaciones difícil de digerir, los tres
científicos han apelado a la reflexión sobre
qué camino deben andar las iPS para llegar a ser una
realidad clínica, "lo que probablemente no
ocurrirá hasta dentro de unos quince años", ha
aventurado Bernad.
Según López Moratalla, "asistimos al fracaso de
la transferencia nuclear. Más allá de las
controversias éticas y políticas, el fracaso de
esa técnica radica en su propio concepto". La
catedrática ha recordado que todavía no se ha
logrado una línea celular en primates por transferencia
nuclear.
"La semana pasada Nature publicó un trabajo de Austin Smith,
de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, en el que se indicaba
que la capacidad autorregenerativa de las células
pluripotenciales embrionarias no depende de factores
extrínsecos". Desde que se describieran las primeras
células madre embrionarias en ratones hace 30
años, los investigadores han empleado combinaciones de
lechos y factores de crecimiento para mantener su estado de
indiferenciación, "y ahora acabamos de comprobar que todo
ello, que se administraba de forma empírica, no era
necesario, porque se encontraba constitutivamente en estas
células e incluso podría estar favoreciendo su
capacidad tumorigénica". López Moratalla opina
que las iPS son una parte de esa tercera vía de
investigación, en la que tendrán cabida otras
opciones, como la inducción de pluripotencialidad celular a
partir de moléculas de síntesis.
Por su parte, Bernad encuentra que la técnica de
reprogramación celular es superior a la clonación
terapéutica, entre otras cosas porque resulta
fácilmente reproducible, tal como ha quedado demostrado por
diferentes grupos desde que Shinya Yamanaka, de la Universidad de
Tokio, presentaran sus iPS murinas en agosto de 2006, y
además porque permite generar modelos animales de
enfermedades.
Entre los principales obstáculos, ha destacado que ciertos
tipos celulares se resisten a la acción de los cuatro
fantásticos (el cóctel de genes reprogramadores)
y que como aún no se conoce el proceso real por el que la
célula somática pasa a iPS, "lo más
difícil será controlar la
diferenciación apropiada".
El ratón
aporta las pruebas de concepto
Lluis Montoliu ha hecho hincapié en la relevancia de la
investigación con ratones: "La prueba de concepto de las iPS
la presentó Yamanaka en 2006 con un experimento murino". Y
el grupo de Rudolf Jaenisch, del Instituto de Investigación
Biomédica Whitehead, ha aportado la prueba del potencial
terapéutico de las iPS al corregir la anemia falciforme en
ratones. No obstante, Montoliu advierte de que aún no se
conocen los genes necesarios para obtener iPS, pues aunque Yamanaka
reprodujo el experimento sin c-Myc, los resultados no fueron tan
eficaces como con el oncogén. También se ignora
en qué tipos de células funciona el
cóctel genético -en un reciente experimento de
Jaenisch con linfocitos B maduros se ha tenido que recurrir a otros
genes- y si es necesario transferir unos factores de
transcripción, que como recordaba López
Moratalla, ya se encuentran en las células, aunque no
activos: "Quizá sea posible saltar de un tipo de
célula a otro, obviando el paso intermedio de las iPS".