Artículo de Josep Egozcue, publicado en el mes de julio de 2003 en el periódico ABC



El martes pasado, durante la intervención quirúrgica que intentaba separarlas, murieron dos hermanas siamesas, unidas por la región temporal, que deseaban tan desesperadamente vivir como personas libres, y estaban tan hartas de arrastrar constantemente a su parásito clónico, que se arriesgaron a morir en el empeño. La muerte de estas hermanas ha dado lugar a una controversia ética dura, pero artificial y casi enfermiza, en la que, afortunadamente, la mayoría de las opiniones han sido favorables a las decisiones de los implicados.

Veamos: se trataba de una intervención dificil, pero posible, en manos de un equipo experimentado y dispuesto a arrostrar las dificultades que se presentasen. La decisión la tomaron dos mujeres adultas, de alto nivel intelectual (licenciadas en Derecho), capaces de comprender las consecuencias de sus actos, y que aceptaron correr el riesgo que representaba la intervención quirúrgica.

Es decir, dos mujeres adultas deciden libremente someterse a un acto médico que, desgraciadamente, fracasa. ¿Dónde está el problema ético? Por supuesto, en las mentes de quienes lo plantean, pero no en el proceso real y objetivo que han seguido, desaforadamente, los medios de comunicación.

La ética evoluciona, es algo continuamente cambiante, y va acorde con el progreso y el sentir social. La ética, la verdadera ética que se aplica en cada momento histórico, es la que se basa en el conocimiento, la objetividad, el sentido común, la ausencia de creencias irracionales, la libertad individual y el respeto al prójimo. Y, para cualquier médico o científico honrado, la línea fronteriza es muy fácilmente discernible. Su polo opuesto son quienes desean imponer los criterios propios sobre los ajenos, los que defienden la subjetividad, los que sustentan creencias irracionales y, en fin, quienes no respetan ni la libertad individual ni al individuo mismo.

Traslademos ahora estos criterios a otro tema de gran actualidad, y que según algunos se encuentra en la frontera de lo que es o no es lícito en Medicina: la recomendación por parte de la Comisión Europea de que puedan utilizarse células madre embrionarias con la finalidad de crear líneas celulares que puedan emplearse en el tratamiento de enfermedades como la diabetes, las lesiones medulares, los procesos neurodegenerativos o las lesiones cardíacas.

El conocimiento científico dice que las células embrionarias pueden ser útiles en algunos de estos procesos; la objetividad nos muestra que para algunas enfermedades (por ejemplo, la diabetes) no existen alternativas válidas, ya que las células madre adultas no son útiles en este caso; el sentido común indica que lo más razonable es emplear el tipo celular del que puedan esperarse mejores resultados; la ausencia de creencias irracionales lleva a la conclusión (compartida por el Tribunal Constitucional) de que un embrión preimplantacional no es sino un agregado de células humanas; la libertad individual es la que permite a los progenitores decidir si quieren hacer donación de sus embriones para el tratamiento de enfermedades graves; y el respeto al prójimo impide inmiscuirse en sus decisiones, si son legales.

Desde el polo opuesto, el párrafo que antecede sería objeto de anatema, pero no por razones científicas ni objetivas, ni porque falte al sentido común, sino simplemente porque sus conclusiones están en contra de las creencias irracionales de quienes sustentan la opinión contraria, y porque las decisiones libres chocan con la costumbre secular de imponer sus criterios éticos colectivos, limitados, subjetivos y jamás sujetos a un análisis racional, y evitar de esta forma que la población pueda disfrutar de una ética individual y libremente elaborada.

Conocer a fondo los temas, adoptar una actitud objetiva, usar el sentido común, desterrar creencias irracionales, y respetar al prójimo y su libertad de decisión son obligaciones ineludibles de quien desee enfrentase a cualquier problema ético y opinar sobre él. Es también una solución, extraordinariamente simple, para evitar actitudes inquisitoríales que, como en el caso de las pobres siamesas que simplemente querían vivir en libertad y murieron en el empeño, ponen de manifiesto actitudes intolerantes impropias de un mundo que, por lo menos en apariencia, se considera intelectualmente avanzado y altamente civilizado.


Más información sobre el Dr. Egozcue: http://es.news.yahoo.com/030627/4/2tcph.html


Por gentileza de Mariona (Labrys)