Richard Smith, que dirigió hasta el año pasado el British Medical Journal (BMJ), una de las mejores revistas médicas del mundo, ha denunciado que estas publicaciones son "una extensión del departamento de marketing de las compañías farmacéuticas". Los ensayos clínicos no mienten, según él, pero muchas veces tampoco dicen toda la verdad. Smith cree necesarios más ensayos financiados por el sector público. El médico británico Richard Smith, que dirigió el BMJ desde 1991 hasta 2004, es ahora primer ejecutivo de United Health Europe, una empresa consultora que trabaja para la sanidad pública británica y ofrece sus servicios a otros sistemas de salud europeos. Acaba de publicar su denuncia en PLoS Medicine (número de mayo), una revista médica de acceso gratuito, de cuyo panel directivo también es miembro.
"La probabilidad de que un ensayo financiado por una compañía farmacéutica tenga resultados favorables a la empresa es cuatro veces mayor que si la fuente de financiación es otra", escribe Smith citando un análisis de 2003. "Hay fuertes evidencias de que la industria obtiene los resultados que quiere obtener, lo que resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que entre dos tercios y tres cuartos de los ensayos publicados en las principales revistas médicas están financiados por la industria". ¿Se trata de un problema general, o restringido a algunos laboratorios? "Todas las empresas tienden a obtener las respuestas que desean", responde Smith en un correo electrónico. Pero añade: "No es que sean perversas, sino muy hábiles". Según este médico, el truco no consiste en amañar los resultados, "sino en hacer las preguntas adecuadas". Cita varios ejemplos en PLoS. Uno es diseñar un ensayo clínico para comparar el nuevo fármaco de la empresa con uno anterior de otra compañía, pero usando éste en dosis bajas (que no tienen el efecto óptimo) o altas (con mayores efectos secundarios). Otro es definir varios puntos finales para el ensayo y publicar sólo los más favorables, o repartir el ensayo entre varios hospitales y publicar sólo los resultados obtenidos en los centros más convenientes, o dividir a los pacientes en grupos (de edad, sexo, etcétera) y publicar sólo los datos de los grupos en que mejor funciona el fármaco. Aun cuando un ensayo clínico sea impecable, hay formas de abusar de su presentación a la comunidad médica. "Una buena estrategia es publicar los resultados positivos varias veces", afirma Smith. "Es posible, por ejemplo, reunir los resultados obtenidos en varios hospitales en distintas combinaciones". Esta práctica ha sido descubierta en dos casos, pero las revistas médicas y los expertos que evalúan los borradores antes de su publicación no pueden detectarla en general. Tendrían que reexaminar los datos paciente a paciente, y esto no suele hacerse. El ex director del BMJ sostiene que su antigua revista publica menos ensayos financiados por la industria que las demás publicaciones de primera línea, pero no excluye a la revista británica de su crítica. "Debo confesar que me costó un cuarto de siglo editando artículos para el BMJ hasta que me di cuenta de lo que estaba ocurriendo", escribe en PLoS. Smith sólo ve una solución: que sea el sector público el que financie los principales ensayos. Pero ¿es viable esa propuesta? "Un ensayo puede costar millones de euros", responde Smith a EL PAÍS, "pero creo que podrían financiarse a nivel europeo, y por un instituto nacional en Estados Unidos. Ambos podrían trabajar juntos. El presupuesto se mediría en centenares de millones de euros al año, probablemente. Pero los ahorros, debidos a la mejor prescripción de los fármacos, serían aún mayores". El experto también cree que los ensayos no deberían publicarse en las revistas médicas, sino en sitios web regulados.|
VÍCTOR-M. AMELA - 21/05/2005 |
| F R A G I L I D A D E S |
| La muy poderosa industria farmacéutica gala ha lanzado ya en Francia una campaña de imagen para contrarrestar los argumentos de Pignarre. Este hombre, que las conoce a fondo (estuvo en Sanofi-Synthélabo), ha expuesto a la luz pública sus fragilidades. Pignarre denuncia que la industria farmacéutica no invierta para crear fármacos que necesitamos, y que se limite a ser una mera máquina de hacer dinero. Pignarre expone sus afilados análisis en el libro ´El gran secreto de la industria farmacéutica´(Gedisa), repleto de datos precisos. Y también de propuestas, como la de "romper lo que se fusionó" y propiciar laboratorios más pequeños y especializados, en colaboración con equipos universitarios: "Si algún medicamento valioso aparece, ¡vendrá de ahí!: no lo espere de grandes laboratorios" |
|
EX EJECUTIVO DE
LA INDUSTRIA
FARMACÉUTICA PHILIPPE PIGNARRE Tengo 52 años, nací en Angulema y vivo en París. Fui directivo de un laboratorio farmacéutico durante 17 años. Soy profesor en la Universidad París-VIII, donde imparto cursos sobre psicotropos. Estoy soltero. Soy pragmatista, la filosofía de la izquierda americana. Soy politeísta. Las farmacéuticas atentan contra la Seguridad Social ¿Debo temer algo de la industria farmacéutica? -¡Bastantes cosas! -¿Sí? Pues dígame... tres. -¿Sólo tres? De acuerdo. Una: esa industria no está ahora investigando todo lo que debiera para conseguir los medicamentos que de verdad hoy necesitamos. -¿Qué medicamentos necesitamos hoy? -Para curar el cáncer, el sida, las dolencias cardiovasculares y las del envejecimiento. ¡Un medicamento que curase el alzheimer, por ejemplo! O uno que curase la diabetes. -¿Y por qué no investigan lo que debieran? -Porque la investigación es cada vez más cara... ¡y la prioridad de la industria farmacéutica es sólo optimizar beneficios! -¿Y por qué es cada vez más cara? -Antes nos mataban las enfermedades infecciosas, y desde 1948 las farmacéuticas investigaron para desarrollar antibióticos. Eso ya se ha conseguido. Para combatir las enfermedades que nos matan ahora, hay que cambiar a nuevos métodos de investigación, ¡y esos métodos son mucho más caros! -Pero algo estarán haciendo hoy los laboratorios farmacéuticos, ¿no? -Ese es el segundo motivo por el que debemos temer: sólo retocan medicamentos que ya tenemos para que parezcan nuevos... y cobrárnoslos muy caros, ¡mucho más caros! -¿Cómo de caros? -La fabricación de un medicamento es barata (al revés que la investigación): cuesta un par de euros.Y luego lo venden por 30 euros. -¡Compremos medicamentos genéricos! -Eso no inquieta lo bastante a la industria farmacéutica: sin gastar, ella sigue lanzando al mercado medicamentos presuntamente nuevos -meros retoques de genéricos- que publicitan muy bien ¡y a precios altísimos! -¿Y por qué los pagamos? ¿Somos tontos? -Lo malo es que no haya obligación legal de difundir estudios comparativos entre me-dicamentos genéricos y esas carísimas copias de marca... ¡No estamos informados! -¡Pues hagamos esa ley e informémonos! -Es obvio y parece fácil, pero... ahí viene lo tercero que temer... -¿Qué es? -Lo entenderá con este dato: los diez primeros laboratorios farmacéuticos de Estados Unidos financiaron con diez millones de dólares las campañas electorales de los candidatos (datos del año 2000). ¡Tienen al poder político de su lado! ¿Quién podrá legislar en su perjuicio? Lo intentó Hillary Clinton... -¿Y? -Intentó una ley que diese acceso a medicamentos a los más pobres: se la tumbaron. ¡El lobby farmacéutico es el más poderoso! -Y en Europa, ¿qué? ¿Pasa lo mismo? -Si intentas alguna norma que pueda restarles beneficios en un país, las farmacéuticas amenazan con cerrar y deslocalizarse. -Velan por sus beneficios: es lógico. ¿En qué puede perjudicarme eso a mí? -Recuerda: tú, en el precio del medicamento, estás pagando casi sólo el volumen de los beneficios del laboratorio... Si seguimos aceptando esta situación... ¡la Seguridad Social de los países europeos quebrará! -No exagere. -¡No podrá cubrir los costes de esos medicamentos! Un dato: en 1999, el coste de la medicación de un paciente de cáncer de colon era de 500 euros; en el 2004, de ¡250.000 euros! Porque el medicamento nuevo es 500 veces más caro... sin ser 500 veces más eficaz. De hecho, apenas aporta ventajas... -¿Y qué hacen nuestros estados para evitar esa erosión de su Seguridad Social? -No hacen gran cosa, y a este paso acabaremos como en EstadosUnidos, donde hay ya 43 millones de personas que no pueden acceder allí al 50% de los medicamentos. -Pues... ¿qué propone usted? -Que todos los países de Europa acuerden una legislación que obligue a hacer y publicar esos estudios comparativos ante el lanzamiento de cada nuevo -¡ja!- medicamento. -¿Cuáles son los tres laboratorios farmacéuticos que más venden en el mundo? -Pzifer (Estados Unidos), Glaxo (Estados Unidos), Sanofi-Aventis (Francia). El cuarto es Novartis (Suiza). El quinto, Lilly, que produce Prozac. -Estarán la mar de contentos, ¿no? -Fingen estarlo, pero en el fondo hay preocupación: ¡empiezan a notar su declive! -¿Declive? ¿En qué quedamos? -Hace dos años era la industria más rentable, y hoy ha caído al tercer puesto, por detrás de la industria del petróleo y de la bélica... Y su cotización en bolsa, después de subir durante veinte años, ahora está bajando. -¿Y por qué? -Precisamente porque cada vez lanzan menos medicamentos nuevos de verdad (con, por lo menos, un principio activo nuevo), y necesitan vender más cantidad de los viejos, cuyas patentes además van caducando... -¿Y qué hacen para frenar ese declive? -Tres cosas. Una: no gastar y subir precios. Dos: fusionarse, pues cada fusión entre laboratorios permite prescindir de personal y estructura y, con menor gasto, vender más medicamentos. Y tres: ya que no inventan medicamentos, ¡inventan enfermedades! -Tendrá que explicarme esto. -Popularizan enfermedades que no lo son, como "menopausia masculina" o "depresión puntual recurrente", y logran que los médicos receten más fármacos sin necesidad verdadera, ¡incluso para prevenir! Abogan por medicalizarnos la vida... ¡y lo consiguen! -Y mientras, en África, sin medicamentos. -Bastaría con una excepción legal para que esos países no pagasen por las patentes a la industria farmacéutica..., ¡pero ésta protege más su beneficio que la vida de los pobres! |
| Trucos farmacéuticos |
| ISABEL PERANCHO |
|
La tarea no es sencilla. Los expertos consultados por SALUD reconocen que el proceso de investigación, autorización y venta de los fármacos «se ha viciado de tal manera» que sería imposible acometer cambios drásticos «sin hacer caer todo el castillo de naipes». Se refieren al alto nivel de dependencia que tienen de la industria todas las instituciones y colectivos que están implicados en el desarrollo de los medicamentos: centros investigadores, científicos, agencias reguladoras, sociedades científicas, revistas médicas, galenos...Todos ellos han acabado de alguna manera y, en mayor o menor medida, aceptando cierto grado de subordinación a las compañías, en buena parte gracias a que su generosidad económica soporta muchas de sus estructuras. «El resultado es un entramado en el que todas las partes funcionan en perfecta sincronía, una dinámica que permite a la industria del medicamento mantener el control», advertía un investigador de un laboratorio durante una mesa de debate en la que se discutió cómo restaurar la objetividad de la investigación biomédica y cuyo contenido se publicó hace unas semanas en la revista 'on line' 'Public Library of Science' ('PLoS'). «La pureza es imposible. Sin la industria farmacéutica, los médicos no irían nunca más a un congreso científico», ejemplifica Josep María Piqué, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínic de Barcelona. Este experto opina que, a pesar del alto grado de intervencionismo, «el fraude no es grande» y que los pacientes «no corren riesgos», si bien «es necesario ordenar» la situación. EL
PODER
La realidad es la siguiente: más del 75% de la investigación se hace gracias al patrocinio de los laboratorios. De los 584 ensayos autorizados el pasado año por la Agencia Española del Medicamento (AEM), el 81% fue promovido por la industria. Muchos médicos jamás publicarían estudios (una tarea que mejora su prestigio profesional y repercute en sus ingresos) si no se avinieran a trabajar con ella. «La investigación independiente apenas existe. No hay fondos públicos y ningún gobierno tiene la capacidad de asumir el riesgo de desarrollar medicamentos. El 95% de las moléculas en estudio no llega al mercado. Ésto sólo lo pueden soportar grandes compañías», explica Miguel Martín, presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM). El precio por investigar con la industria es, en muchos casos, aceptar sus duras condiciones: no intervenir en el diseño de los ensayos, no manejar la base de datos completa, no escribir los artículos (lo hacen expertos contratados por el laboratorio) y no poder negarse a que se publiquen, aun cuando se esté en desacuerdo con los resultados. Un reciente estudio revelaba grandes diferencias en el nivel de exigencia de las propias instituciones académicas (universidades y hospitales) en los que se llevan a cabo estos estudios a la hora de establecer acuerdos con las compañías. El análisis concluía que muchas no ponen el celo suficiente para evitar los abusos y alertaba del riesgo de que las empresas dirigieran sus miras hacia aquellas con normas más laxas. La controversia acerca de los riesgos que puede acarrear esta sumisión se reavivó en 2004 tras la retirada voluntaria del mercado del moderno antiinflamatorio Vioxx (rofecoxib), al asociarse su uso prolongado con un mayor riesgo cardiovascular. Este escándalo coincidió en el tiempo con las acusaciones de ocultación de datos sobre los problemas de seguridad de un popular antidepresivo (paroxetina) en la población adolescente. La tormenta estalló cuando ambos productos llevaban varios años en el mercado. «No estamos capacitados para controlar el 100% de la verdad y ésta a veces sale tarde», comenta Martín, aunque expresa cierto grado de confianza, «el 90% de los datos que nos da la industria es cierto, pero hay una parte que no se publica y hay que desvelarlo». ¿Ha sido así siempre? ¿Que ha cambiado? Marcia Angell, ex editora de 'The New England Journal of Medicine', una de las revistas médicas con mayor impacto, explica en su libro 'La verdad acerca de las compañías farmacéuticas: cómo nos engañan y qué podemos hacer', como era la situación hace 20 años: «los laboratorios solían mantenerse en segundo plano durante el periodo de ensayo». El problema es que el mercado del medicamento ha cambiado radicalmente. La mayoría de los productos no representa grandes novedades terapéuticas, que por sus aportaciones a la salud se venderían por sí solos. Angell relata que cerca del 80% de los medicamentos que se han lanzado recientemente son variaciones de otros ya existentes. El 68% de los 66 nuevos productos que autorizó la agencia estadounidense que regula el medicamento, la FDA, en 2001 fueron clasificados por este organismo como agentes que no representaban una aportación terapéutica. De los 1.073 aprobados el pasado año por la AEM, menos del 5% correspondía a moléculas completamente novedosas. Es lo que en el sector se conoce como fármacos 'me too' (yo también). Aunque las compañías prefieren denominarlos 'follow on' (continuaciones) y defienden las ventajas de la «innovación incremental» que constituyen estas nuevas versiones de productos ya existentes, en ocasiones, más caros que sus predecesores. «Las nuevas formulaciones, formas de dosificación o de administración pueden mejorar la seguridad y eficacia o ampliar las indicaciones en el área terapéutica original», se afirma en un informe realizado por una consultoría británica vinculada a la patronal de la industria farmacéutica de Reino Unido y presentado esta semana por su homóloga española, Farmaindustria. NUEVA
SITUACIÓN.
En el mercado conviven numerosos antibióticos, reductores del colesterol o antihipertensivos, por citar sólo algunos ejemplos, con mínimas variaciones en su estructura química, pero cuya venta reporta enormes beneficios a sus fabricantes. Gracias a ellos, muchas compañías están manteniendo su cuenta de resultados y satisfaciendo las expectativas de sus accionistas. «Es menos arriesgado desarrollar un 'me too' que un producto innnovador», opina en su 'best seller' Marcia Angell. En 2002, la industria farmacéutica de EEUU fue el sector productivo con mayor porcentaje de beneficios, cerca del 18% comparado con el 3% de media de las empresas dedicadas a otras actividades. Actualmente, la mayoría de estos beneficios no revierte en la investigación de nuevos productos, como les gusta decir a los directivos de estas empresas, sino que se encauzan a actividades de promoción. Hasta un 30% de las inversiones se destinan al marketing, mientras sólo entre el 11% y el 18% , es decir, la mitad, va a estudiar nuevos productos. En algunos laboratorios, un tercio de la plantilla pertenece al departamento comercial. ¿Por qué? Para los expertos consultados, las empresas necesitan desplegar esta ingente fuerza de venta para persuadir al médico de las ventajas de sus productos, en ocasiones muy similares a los de la competencia. Si su aportación terapéutica fuera realmente llamativa, no precisarían tanto esfuerzo. Los canales de promoción son innumerables: anuncios, visitas médicas, separatas con los artículos favorables publicados en las revistas médicas, patrocinio de congresos y foros científicos... El resultado de este desvelo multimillonario es un verdadero monopolio de la información sanitaria, desde la generada en los ensayos, pasando por la que recibe el médico, hasta la dirigida al consumidor. «Inevitablemente dependemos de la industria para informarnos y no podemos esperar nada desde el sector público», se queja Javier González de Dios, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Pediatría y autor de un reciente artículo en el que critica los intentos de las farmacéuticas por «exagerar las indicaciones de sus productos» y favorecer su uso en patologías para los que no están indicados. «Tenemos que estar vigilantes para que no las disparen», dice. EL FUTURO. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) trabaja con la Dirección General de Farmacia del Ministerio de Sanidad en la búsqueda de fórmulas para frenar los potenciales efectos nocivos de la presión de la industria sobre la prescripción en los centros de salud. El 80% de la receta depende de los médicos de familia. La idea es crear un sistema de información de medicamentos independiente de los laboratorios. «Pretendemos evaluar si un agente es eficaz, si no produce más efectos adversos, si es eficiente desde el punto de vista económico...», comenta Asensio López, vicepresidente de esta organización. El colectivo discute también con la Administración cómo «poner barreras» a la visita médica. «Su objetivo es cambiar la tendencia de la prescripción. Es una actividad de desarrollo de negocio que se vende como mera información», añade. Las propuestas e iniciativas para contener el empuje del consorcio farmacéutico se suceden desde los gobiernos, las sociedades científicas, las empresas editoras de revistas médicas, los centros investigadores... De momento, con escaso éxito. Quizá porque peligra el 'castillo de naipes'. Muchos expertos critican la «omisión» y «dejación» de la ciencia médica desde las administraciones públicas y los gobiernos, especialmente en Europa. Les acusan de delegar en la industria su responsabilidad de formar a los profesionales sanitarios y de investigar ciertos aspectos de los medicamentos. ¿Cómo pedirles después responsabilidades? La mayoría de los gobiernos europeos intenta contrarrestar esta presión mediante políticas de contención del gasto farmacéutico que han acabado por crispar los ánimos de los laboratorios. Éstos prefieren trasladar sus inversiones a otros países más benévolos con su margen de beneficios y que les ofrecen más agilidad a la hora de tramitar el papeleo para hacer ensayos con pacientes. Además de EEUU, los nuevos destinos de la investigación biomédica son Asia y los miembros más recientes de la UE. Europa se niega a limitar su participación en el negocio y a convertirse en mero comprador. Así, mientras intenta contener el precio de los medicamentos, busca maneras de no perder el tren de la inversión en investigación y desarrollo (I+D) proveniente de las multinacionales. Octavi Quintana, director general de Investigación Biomédica de la Comisión Europea, subraya que «en 1997, de cada 10 medicamentos que se lanzaban siete eran europeos. En 2003, sólo lo eran tres». La UE está dispuesta a colaborar, incluso económicamente, para que investigar en su territorio siga siendo rentable. Eso sí, como dice Quintana, «exigiendo absoluta transparencia, sabiendo todo lo que se hace y se financia». ¿Aceptará la industria este 'órdago'? |
| INVESTIGACIÓN CLÍNICA |
| Un control férreo sobre los resultados |
FINANCIACIÓN. Más del 75% de los ensayos para conocer el perfil de eficacia y seguridad de los fármacos se financia por los laboratorios que los venden. La probabilidad de obtener resultados favorables para el producto es cuatro veces superior cuando el promotor es una farmacéutica. INTERVENCIONISMO. Su control sobre la actividad investigadora es casi absoluto: diseñan los protocolos de los estudios, son las únicas con libre acceso a la base de datos de la investigación, analizan los resultados, escriben el artículo con las conclusiones e, incluso, si no son favorables, se reservan el derecho a no publicarlas. COMPARSAS. En muchos casos, el investigador se limita a poco más que a captar a los pacientes. Las instituciones académicas que investigan para la industria intentan defenderse de este férreo control, pero un reciente análisis demuestra que con poco éxito. El terreno está abonado. Una encuesta entre cerca de 8.000 investigadores de EEUU que trabajan con fondos públicos ha revelado esta semana que un 33% de ellos reconoce haber manipulado en alguna ocasión los datos de sus estudios. |
| AGENCIAS REGULADORAS |
| ¿Al servicio de sus clientes? |
PRESUPUESTO. Parte de los fondos de las agencias del medicamento provienen de los laboratorios. Éstos abonan sustanciosas cantidades por el trabajo de revisión de los expedientes con la documentación que permitirá aprobar el producto. RELACIONES. Las agencias solicitan opinión a expertos externos en el área terapéutica del medicamento en liza. Con mucha frecuencia, éstos mantienen contactos con los fabricantes y, en ocasiones, reciben honorarios por su labor como consultores para las compañías. ESTUDIOS. Cada vez se exigen más ensayos de seguridad, pero aún así, algunos efectos adversos no son medibles a través de éstos. Para autorizar un fármaco se precisan estudios con resultados positivos, pero es imposible conocer otros ensayos previos que pudieran haber resultado negativos (la mayoría no llega a publicarse). Pueden autorizarse productos con más datos negativos que positivos. Muchos estudios incluyen un número reducido de pacientes, se excluye deliberadamente a los que presentan un perfil de riesgo desfavorable y son de corta duración. Se pueden diseñar para que la probabilidad de que se detecte un efecto adverso sea poco llamativa estadísticamente. |
| REVISTAS MÉDICAS |
| Incapaces de detectar el fraude |
PUBLICIDAD. Los laboratorios buscan publicar los resultados de sus ensayos en revistas que gozan de amplio predicamento entre el colectivo médico. Algunas no son más que meros soportes para los anuncios de los laboratorios. Otras ingresan miles de millones por imprimir monografías y separatas por encargo para que las compañías los distribuyan masivamente. REVISORES. Los especialistas externos que valoran la importancia del ensayo antes de su publicación no siempre son capaces de detectar los posibles sesgos que puede contener la información enviada por el laboratorio. La alta calidad y complejidad del diseño de los estudios y el hecho de que la base de datos completa de la investigación queda en manos de la compañía (los datos se ofrecen ya analizados) lo dificulta. TRUCOS. Comparar un producto frente a otro que es inferior en eficacia, o frente a una dosis menor, o superior, para que el propio salga con menos efectos adversos; marcar varios objetivos en el estudio, para explotar sólo los favorables; desarrollar el ensayo en varios centros a la vez para luego publicar únicamente los positivos y mandarlos a varias revistas, en distintas ocasiones... |
| COLECTIVO MÉDICO |
| El poder de influir sobre la receta |
VISITA MÉDICA. Unos 13.000 comerciales desarrollan labores promocionales en centros de salud y hospitales españoles. Se calcula que un médico de atención primaria dedica más de siete jornadas laborables completas al año a atender a los visitadores de la industria. Su objetivo oficial: ofrecer información científica al profesional. El real: influir en la prescripción en favor del último producto de su compañía, generalmente poco novedoso desde el punto de vista terapéutico (hasta un 71% de los fármacos objeto de este tipo de promoción, según estudios nacionales), pero sí más caro. ARMAS DE PERSUASIÓN. La primera, bibliografía científica de dudosa calidad (más de la mitad de los galenos opina que no es útil y se ha demostrado que gran proporción de los mensajes publicitarios no se deriva del estudio que supuestamente los avala). Después, diversas formas de agasajo, como muestras gratuitas de medicamentos, invitaciones a congresos (los médicos se forman y actualizan conocimientos gracias a la industria), pagos por intervenir en conferencias, en ensayos clínicos... La realidad es que muchos médicos no ven problemas éticos en esta actividad y la asumen como parte de su trabajo. |
| PACIENTES |
| El nuevo
objetivo promocional |
PUBLICIDAD. En EEUU, la industria puede publicitar desde 1997 sus productos directamente al consumidor. Diversos estudios han demostrado cómo crece la receta de los medicamentos que más se anuncian y cómo los pacientes los demandan en mayor medida al médico. Europa no acepta este tipo de contacto directo, ya que es el Estado el que mayoritariamente financia el coste de los fármacos. Sin embargo, el acceso a Internet invalida la prohibición. Cualquier europeo puede informarse sobre los productos que los laboratorios de EEUU ofrecen en sus 'web' en inglés y, en ocasiones, en español. ASOCIACIONES. Los colectivos de enfermos y familiares de pacientes son uno de los últimos objetivos promocionales de la industria. Con frecuencia financian sus actividades e, incluso, sus estructuras. Algunas asociaciones han nacido a instancias del interés de un laboratorio con el objetivo de influir sobre las decisiones en política farmacéutica y sanitaria. Un estudio realizado en 38 asociaciones españolas muestra que muy pocas disponen de mecanismos para garantizar su independencia informativa y financiera. |
Un informe del Centro para la
Integridad
Pública de Estados Unidos revela que la industria
farmacéutica es la
que mayor presión ejerce sobre el gobierno. Sólo
durante
el pasado año
invirtió en esta actividad más de 107 millones de
euros,
el mayor gasto
de todo el país.

Esta cifra supera incluso la de 2003,
uno de los años más ajetreados en cuanto a la
política sanitaria, con
la aprobación por parte del Congreso de EEUU de la nueva ley
de
Sanidad. Durante este ejercicio, las farmacéuticas gastaron
alrededor
de 97 millones de euros en influir sobre el gobierno. En
los últimos siete años esta industria ha
invertido un
total de más de
670 millones de euros en actividades encaminadas a presionar al
gobierno y en donaciones para campañas electorales a nivel
federal y
estatal. Esto supone el mayor gasto realizado desde
una
industria para influir sobre las decisiones del ejecutivo de EEUU. Las farmacéuticas contrataron
a unos
3.000 representantes,
de los cuales más de un tercio eran antiguos funcionarios
federales,
para defender y promocionar sus intereses frente al Senado, el
Departamento de Salud y Servicios Sociales y otros organismos oficiales. Empresas
como Pfizer Inc. o GlaxoSmithKline Plc, dos de los grandes fabricantes
de fármacos, fueron las que más dinero donaron a
diferentes candidatos
y causas, con 1,34 millones y 0,92 millones de euros respectivamente. Legal en EEUU El
'lobbying', término por el que se conoce esta actividad, es
legal en
Estados Unidos, pero desde el Centro para la Integridad
Pública
se
preguntan de qué forma pueden afectar estas relaciones entre
empresas y
gobierno al ciudadano. "Los precios de los
medicamentos
han crecido a la vez que la industria se ha convertido en uno de los
intereses organizados más poderosos en Washington" dijo
Roberta
Baskin,
su Directora Ejecutiva. Por su parte, la industria
farmacéutica ha
calificado el
informe de "parcial y unilateral", en palabras del
vicepresidente de la PhRMA (Investigadores y Fabricantes
Farmacéuticos de América). Desde
1998, los que más se han beneficiado de estos donativos han
sido
los
políticos Republicanos, y a la cabeza de ellos el Presidente
George W.
Bush, que ingresó 668.339 euros procedentes de las
farmacéuticas, la
mayor parte de ellos de donaciones individuales. Entre los
Demócratas
destaca el Senador y candidato a la presidencia John Kerry, que
recibió
255.379 euros.
Nuevas
patentes, viejos
fármacos
ÁNGELES
LÓPEZ
Las nuevas versiones de fármacos viejos están entre los medicamentos más vendidos. En muchos casos, sus ventajas terapéuticas no son significativas. Sin embargo, estos productos se están convirtiendo en los responsables de una parte importante del gasto farmacéutico de los países desarrollados según los resultados de un estudio.
La industria farmacéutica no para
de
sacar nuevos productos al mercado. No obstante, esto no significa que
en los últimos años se hayan obtenido
medicamentos con ventajas
significativas frente a los ya existentes. Muchas de las nuevas
patentes de medicamentos viejos no aportan beneficios extra
frente a sus homólogos. Investigadores
de la Universidad de British Columbia en Canadá han
analizado el motivo
por el que el gasto farmacéutico en ese país se
ha duplicado desde
1996. Para ello han estudiado la clasificación de
medicamentos, las
recetas y el coste en medicamentos realizado en la provincia British
Columbia que cuenta con 4,2 millones de habitantes. Los resultados, publicados en la
edición 'online'
de 'British
Medical Journal',
han detectado que entre 1996 y 2003 el gasto farmacéutico en
esa
provincia aumentó un 80%. La razón principal se
debe al empleo de
nuevas patentes de medicamentos que no ofrecen sustanciales mejoras
frente a los ya existentes en el mercado, pero en cambio sí
cuentan con
unos precios muy superiores. En algo más de una
década, entre
1990 y 2003, el Consejo de Revisión de Precios de
Medicamentos
Patentados de Canadá tasó 1.147 nuevas patentes.
De éstos, en sólo el
5,9% se encontró criterios de novedad o mejora
sobre otros ya disponibles. En
1996, los medicamentos novedosos se utilizaron un 1% y fueron
responsables del 6% del gasto farmacéutico. Estos mismos
productos en
2003 se recetaron en un 2% de las ocasiones y generaron un 10% del
coste total. Por otro lado, las marcas viejas y los
genéricos se
recetaron en 1996 en un 75% de las ocasiones, pero esa cifra
cayó a un
54% en 2003. En términos económicos, en los
noventa representaron un
53% del gasto en medicamentos frente a un 27% a comienzos de la
siguiente década. En cuanto a los productos de nuevas patentes
que no
representaban ninguna ventaja
sobre los ya existentes, en 2003 se emplearon en el 44% de las recetas
y fueron responsables del 63% del gasto médico. Su coste
medio por día
de tratamiento fue el doble que el generado por las marcas viejas y el
cuádruple que el de los genéricos. Según los autores del estudio,
alrededor de 350
millones de dólares
(casi 280 millones de euros) podrían haberse ahorrado en
British
Columbia si en 2003 se hubiesen recetado la mitad de los medicamentos
de nueva patente, de los que no aportaban ventajas sobre los
anteriores. "Ese ahorro podría pagar los sueldos de
más de mil nuevos
médicos", afirman. "Dado que en la lista de los 20
fármacos
más
vendidos se incluyen nuevas patentes de versiones de
fármacos viejos en
un gran número de categorías [...], estos
fármacos probablemente dominan las tendencias de
los gastos en la mayoría de los países
desarrollados", concluyen los investigadores.![]()
Dossier
sobre la
industria farmacéutica
Una industria convaleciente
El
escándalo de los
fármacos retirados ensombrece el futuro económico
del
sector
El sector farmacéutico ha anunciado una iniciativa para introducir mayor transparencia en sus ensayos clínicos, después de que varias multinacionales tuvieran que retirar sus fármacos debido a los riesgos generados por los efectos secundarios. Pero lo ocurrido ha afectado a la confianza de los inversores e implicará un aumento de los costes
PIERGIORGIO
M. SANDRI -
16/01/2005
No
es un tsunami, pero casi. Según un estudio publicado por el Journal
of Medical Association elaborado
por la Universidad de Toronto, cada año unos 100.000
pacientes
estadounidenses mueren a causa de los efectos negativos causados por
los fármacos. Las reacciones adversas a las medicinas
serían, según estas fuentes, las sexta causa de
muerte en
EE.UU.
Ahora,
después de que se descubriera en las últimas
semanas que
algunos productos estrella de la industria farmacéutica
pueden
perjudicar la salud del paciente, se ha vuelto a encender la alarma.
Las grandes multinacionales como Pfizer, Eli Lilly, Merck
están
en el ojo del huracán al comercializar píldoras
que
pueden provocar infartos, aumento de la agresividad, tendencia al
suicidio, dolencias cardiovasculares. Por ello, hace unos
días,
el sector ha decidido poner remedio. En una reunión del
pasado 6
de enero, las mayores industrias de Japón, Europa y EE.UU.
se
comprometieron a aumentar la transparencia al instaurar un registro de
todos los ensayos clínicos (salvo los de la fase preliminar)
a
los que haya sido sometido el medicamento, dentro de un año
de
su introducción en el mercado.
Ensayos
negativos
¿Será
suficiente? Gerard Costa, profesor de Esade experto en el sector
farmacéutico cree que "las empresas nunca van a publicar los
ensayos negativos". La misma industria precisa que en todo caso "la
divulgación de información debe continuar
protegiendo la
vida privada, la propiedad intelectual y el derecho de los contratos".
Christophe de Callatay, portavoz de la EFPIA (Federación
Europea
de las Industrias y Asociaciones Farmacéuticas) admite que
lo
acordado es una solución de compromiso: "había
una parte
de la industria que apostaba por la transparencia y otra que no
quería correr riesgos comerciales".
Pero
Callatay rechaza las acusaciones de opacidad. "El riesgo cero no
existe. Los casos de retiro de medicamentos demuestran que el papel de
la autoridad reguladora de EE.UU., la FDA (Food and Drug
Administration) está cuestionado." Graham Lewis,
vicepresidente
de IMS Health, consultora líder del sector, minimiza lo
ocurrido
en los últimos días. "Siempre se han retirado
productos y
siempre hay efectos secundarios. Hoy en día, la aspirina
tampoco
conseguiría la aprobación por sus efectos
gástricos, igual que muchos otros", sostiene.
Sin
embargo, el organismo norteamericano acusa directamente a las
compañías. Robert Temple, director del Centre for
Drug
Evaluation de la FDA, declaraba: "el número de personas por
cada
ensayo es elegido por las compañías de acuerdo
con la
cifra que necesitan para demostrar su eficacia. Las empresas nos
tramitan una serie de comparaciones poco informativas y que tampoco les
hemos pedido". En el mismo sentido, Gerard Costa opina que "las
empresas han cometido pequeñas imprudencias. Han apretado
demasiado los tiempos de lanzamiento contando con su lobby para
conseguir la aprobación".
Las
presiones económicas son evidentes. Invertir en un nuevo
fármaco es un proceso largo y costoso. Según el
Tufts
Center for the Study of Drug Development de Boston, desarrollar un
medicamento cuesta 897 millones de dólares y desde el
descubrimiento hasta la venta se tardan entre 10 y 15 años.
De
allí que muchas firmas se lanzaron a la búsqueda
de
nuevos medicamentos con la promesa de curar enfermedades complejas
(sobre todo las relacionadas con el sistema nervioso) y atraer, de esta
manera, dinero en el mercado de capitales. La industria, persiguiendo
un viejo sueño, ha intentado ofrecer soluciones que acaben
con
cualquier tipo de dolencias.
Pero
la prisa pasa factura cuando la verdad sale a flote, precisamente desde
el punto de vista económico. Así, el
índice DJ
Stoxx Farmaceútico desde abril de 2002 ha perdido un 26%.
"No
creo que en ningún caso le convenga a las
farmacéuticas
ocultar datos, ya que corren un riesgo demasiado elevado de ser
castigadas en bolsa y de tener que pagar indemnizaciones millonarias",
reconoce un consultor que trabaja con Pfizer. De hecho, Merck
llegó a perder casi el 50% de su capitalización
desde que
el Vioxx fue retirado del mercado. El medicamento representaba el 20%
de los beneficios y el 10% de las ventas.
Las
farmacéuticas, consideradas hasta ahora como valores refugio
por
los inversores, se encuentran así en una fase de
convalecencia.
Por un lado, los números indican que las empresas gozan de
buena
salud. Según IMS, las ventas de fármacos entre
octubre
2003 y 2004 ha crecido en los trece mayores mercados mundiales a un
ritmo del 7%, por un total de 341. 900 millones de dólares.
En
el mercado mundial, se lanzarán unos 21 nuevos medicamentos
entre 2005 y 2008.
Secuelas
bursátiles
Pero,
por el otro , los recientes escándalos han dejado secuelas.
En
un reciente informe, Goldman Sachs invita a la prudencia: "el retiro
del mercado del Vioxx ha levantado unas cuantas dudas de si
habrá una radical alteración de cómo
los
reguladores valorarán la seguridad de un producto y de si
esto
implicará requisitos clínicos más
onerosos ".
Graham Lewis, de IMS Health, cree que "en el futuro pueden ser
necesarios más ensayos, más tiempo y por lo tanto
más costes para lograr la aprobación de un
medicamento".
G. Steven Burrill, director del homónimo fondo especializado
en
biotecnología se muestra pesimista. "Los costes de
desarrollo de
las medicinas han aumentado de forma dramática en los
últimos años y hay una competencia cada vez
más
intensa de los genéricos. Con los consumidores que piden
precios
más bajos, no veo un gran panorama para la industria
farmacéutica."
Para
Lewis las firmas siguen soñando con encontrar medicamentos best
seller que
les garanticen beneficios. Pero, en este contexto de incertidumbre,
puede ser peligroso que los ingresos dependan de unos pocos
fármacos, los llamados blockbusters. La
EFPIA admite que "este modelo de negocio está un poco
superado.
El futuro pasa por tratamientos médicos personalizados con
medicamentos que tienen origen en la investigación celular
como
la biotecnología, que ahora representan un quinto del
total".
Además,
según el Tufts Center, "ahora que la FDA va a levantar la
barrera a la entrada de nuevos fármacos, las medicinas de
origen
biotecnológica tienen más probabilidad de
conseguir una
aprobación". Este año se pronostican unas 40
salidas a
bolsa de biotecnológicas en EE.UU., casi el doble que el
año pasado. "La cuestión es si las grandes firmas
farmacéuticas podrán mantener un ritmo sostenido
de
crecimiento. Ya no es tan fácil. Las verdaderas innovaciones
se
encontrarán en la biotecnología",
señalan desde
ABN Amro.
ENTREVISTA A
JÖRG BLECH, PERIODISTA ALEMÁN
"Se inventan
enfermedades para ganar
dinero"
Las enfermedades inventadas proliferan, sostiene Jörg Blech. La industria farmacéutica, aliada con algunos médicos, convierte el envejecimiento, la hiperactividad infantil o la timidez en enfermedad y crea medicamentos para tratarlas. Personas sanas se convierten en pacientes. Los beneficios son enormes
MARC
BASSETS - 16/01/2005
¿Cómo
se inventa una
enfermedad?
El
punto de partida es
que se tiene
un medicamento y se piensa en qué parte del cuerpo humano
tiene
efecto este medicamento. O al contrario. Hay cambios en el cuerpo y se
mira si no se pueden reinterpretar para que estos cambios se conviertan
en enfermedades. Por ejemplo, los niños que entran en la
escuela
primaria. A algunos niños no les irán bien los
estudios,
así que se puede hablar de déficit de
atención.
Otro ejemplo es la menopausia masculina. Durante la vida la
producción de testosterona se reduce muy lentamente. Ahora
se
dice que si esta reducción es demasiado fuerte, hay una
carencia. ¿Cómo se puede inventar una enfermedad?
Hay que
fijar un valor de referencia. Este valor de referencia en la
andropausia se fijó de modo que de la noche a la
mañana
20% de los hombres mayores en Alemania tenía poca
testosterona.
¿Qué
papel tiene la
industria farmacéutica en este proceso?
Puede
decirse que una
sociedad no
deja de producir enfermedades: los hombres, los médicos y
las
empresas farmacéuticas. Pero sólo cuando hay una
empresa
que se apropia de esta idea para ganar dinero comienza el proceso de
invención. Si no hubiese habido el gel de la testosterona,
no
hubiese aparecido la andropausia.
Pero,
¿quién es el
último responsable?
Primero
está el fabricante,
que tiene una idea. Después, la empresa intenta que la
enfermedad sea conocida trabajando con médicos. Unos pocos
son
suficientes. Hacen una conferencia de prensa y reciben un honorario.
Son creadores de opinión.También se hacen sondeos
pseudocientíficos. Con la andropausia se preguntó
por
teléfono: ¿qué tal está
usted? Se hace
entonces un pequeño estudio, del tipo uno de cada tres
hombres
mayor en Alemania es infeliz. Se construye una investigación
para promover la enfermedad.
¿En
qué medida el boom
de la industria farmacéutica en los últimos
años
se explica por lal invención de enfermedades?
La
industria
farmacéutica
crece más rápido que el resto de la
economía. Creo
que estos temas que hemos comentado, estas fases vitales que se
presentan como enfermedades, han contribuido decisivamente al buen
crecimiento del sector. Puede mirar cuáles son los
medicamentos
que mejor se venden en los medios: los reductores de colesterol, por
ejemplo.
¿Cómo
se llega a esta
situación?
Siempre
ha sucedido
pero desde que
la industria farmacéuitca crea estructuras, tienen la
posibilidad de inventar enfermedades. Se puede ganar mucho dinero con
ello, por definición, porque la gente está sana,
puede
tomar la pastilla cada día, y puede vivir 30 o 40
años.
Puede tomar el medicamento cada día. En la medida en que se
inventan enfermedades pueden prescribirse píldoras a
personas
que están sanas, que las toman cada día, y
así
pueden conseguir ventas altas, más altas que con los
enfermos.
¿Se
han dejado
de investigar
medicinas más útiles por centrarse en las
inventadas?
No
soy un seguidor de
las
conspiraciones. Son firmas privadas normales y creo que a la industria
le gustaría más ganar dinero con medicamentos que
ayudan
de verdad. Pero creo que las empresas se encuentran bajo
presión
de obtener beneficios. Puede ser que con todo el dinero ganado, una
parte del dinero vaya a la investigación dedicada a
enfermedades
verdaderas. No lo sé. El hecho también es que una
tercera
parte de los ingresos se dedican al marketing. Actualmente existe el
problema de que no se descubren buenos medicamentos nuevos. Y, sin
embargo, para obtener ganancias, se trabaja en problemillas que no son
verdaderas enfermedades.
¿No
son
responsables los
pacientes? El mercado es libre...
En
Alemania el mercado
no es tan
libre. Las mutuas públicas pagan mucho. El deseo de estar
sano
es innato. Vivimos en un tiempo en que somos sensibles ante estas
promesas. No reprocharía nada a la gente.
¿No
hay un
deseo de eternidad, de
seguridad?
¿No es un problema
querer vivir en una sociedad sin riesgos?
Es
un fenomeno
precisamente en el
mundo occidental. Estamos muy bien y cada vez vivimos más.
Es un
problema de lujo. Somos sanos preocupados. Pero creo que es una excusa
decir que son las personas los responsables. El deseo innato de querer
estar sano es utilizado de manera consciente por médicos y
firmas para convencerle de que tiene enfermedades y ganar dinero.
¿Puede
cuantificarse
cuánto cuestan estas enfermedades inventadas a las cajas
públicas?
Es
difícil
cuantificar, pero
creo que no es tanto. Las operaciones de personas mayores, por ejemplo,
cuestan mucho dinero. Al mismo tiempo, preparados de hormonas para
mujeres cuesta 500 millones por año en Alemania. Es bastante
dinero y ya sabe usted cómo explotan los costes de la
sanidad.
No puedo cuantificarlo, pero creo que cada euro que pueda ahorrarse
está bien.
¿Si
el Estado
no pagase todos
estos medicamentos, no dejaría la gente de comprarlos?
Creo
que el problema
es que no hay
ninguna autoridad, nadie que controlar si realmente esto es una nueva
enfermedad. Las enfermedades, también las
auténticas, se
descubren por votación. Nadie controla. Lo que se controla
es si
los nuevos medicamentos funcionan, si funcionan nuevos
métodos y
si es demasiado caro. En la medida en que fases de la vida se presentan
como nuevas enfermedades se abre un mercado gigantesco y nadie lo puede
controlar. Los medicamentos que se prescriben funcionan con la
pequeña minoría que tiene la enfermedad (...)No
hay
control sobre quién define las enfermedades, pero las
enfermedades pueden utilizarse para saquear nuestro sistema sanitario.
|
El síndrome de Sisí
LA
VANGUARDIA - 16/01/2005 |
PREMIO NOBEL
DE MEDICINA 1993 R I C H A R D J . R O B E R T S
Tengo
63 años: lo peor de hacerte mayor es que das por seguras
demasiadas
verdades: es cuando necesitas nuevas preguntas. Nací en
Derby: mi padre
mecánico me regaló un juego de
química...Y aún me divierte jugar.
Casado, cuatro hijos; uno, tetrapléjico por un accidente, me
anima a
seguir investigando. Participo en el Campus Excelencia.
“El
fármaco que cura del todo no es rentable”
-¿La
investigación se puede planificar?
–Si
yo fuera ministro de Ciencia, buscaría a gente entusiasta
con proyectos
interesantes; les daría el dinero justo para que no pudieran
hacer nada
más que investigar y les dejaría trabajar diez
años para sorprendernos.
–Parece
una buena política.
–Se
suele creer que, para llegar muy lejos, tienes que apoyar la
investigación básica; pero si quieres resultados
más inmediatos y
rentables, debes apostar por la aplicada...
–¿Y
no es así?
–A
menudo, los descubrimientos más rentables se han hecho a
partir de
preguntas muy básicas. Así nació la
gigantesca y billonaria industria
biotech estadounidense para la que trabajo.
–¿Cómo
nació?
–La
biotecnología surgió cuando gente apasionada se
empezó a preguntar si
podría clonar genes y empezó a estudiarlos y a
intentar purificarlos.
–Toda
una aventura.
–Sí,
pero nadie esperaba hacerse rico con esas preguntas. Era
difícil
obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon
lanzó la
guerra contra el cáncer en 1971.
–¿Fue
científicamente productiva?
–Permitió,
con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha
investigación, como
la mía, que no servía directamente contra el
cáncer, pero fue útil para
entender los mecanismos que permiten la vida.
–¿Qué
descubrió usted?
–Phillip
Allen Sharp y yo fuimos premiados por el descubrimiento de los intrones
en el ADN eucariótico y el mecanismo de gen splicing
(empalme de genes).
–¿Para
qué sirvió?
–Ese
descubrimiento
permitió entender cómo funciona el ADN y, sin
embargo,
sólo tiene una relación indirecta con el
cáncer.
–¿Qué
modelo de investigación le parece más eficaz, el
estadounidense o el europeo?
–Es
obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital
privado, es mucho más eficiente. Tómese por
ejemplo el espectacular
avance de la industria informática, donde es el dinero
privado el que
financia la investigación básica y aplicada, pero
respecto a la
industria de la salud... Tengo mis reservas.
–Le
escucho.
–La
investigación en la salud humana no puede depender tan
sólo de su
rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos
de las
empresas no siempre es bueno para las personas.
–Explíquese.
–La
industria
farmacéutica quiere servir a los mercados de capital...
–Como
cualquier otra industria.
–Es
que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y
nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.
–Pero
si son rentables, investigarán mejor.
–Si
sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por
servir a los seres humanos.
–Por
ejemplo...
–He
comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de
fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que
hubieran acabado por completo con una enfermedad...
–¿Y
por qué dejan de investigar?
–Porque
las farmacéuticas a menudo no están tan
interesadas en curarle a usted
como en sacarle dinero, así que esa
investigación, de repente, es
desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo,
sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una
mejoría
que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.
–Es
una grave acusación.
–Pues
es habitual que las farmacéuticas estén
interesadas en líneas de
investigación no para curar sino sólo para
cronificar dolencias con
medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que
curan del
todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el
análisis
financiero de la industria farmacológica y
comprobará lo que digo.
–Hay
dividendos que matan.
–Por
eso le decía que la salud no puede ser un mercado
más ni puede
entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por
eso creo que
el modelo europeo mixto de capital público
y privado es menos fácil que
propicie ese tipo de abusos.
–¿Un
ejemplo de esos abusos?
–Se
han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado
efectivos y
curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos
antibióticos, los
microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la
tuberculosis, que en mi niñez había sido
derrotada, está resurgiendo y
ha matado este año pasado a un millón de personas.
–¿No
me habla usted del Tercer Mundo?
–Ése
es otro triste capítulo: apenas se investigan las
enfermedades
tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían
no serían
rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la
medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en
ella.
–¿Los
políticos no intervienen?
–No
se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son
meros
empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que
salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son
elegidos.
–De
todo habrá.
–Al
capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los
políticos –y sé
de lo que hablo– dependen descaradamente de esas
multinacionales
farmacéuticas que financian sus campañas. Lo
demás son palabras...
L
A E V O L U C I Ó N
El
Campus Excelencia reúne este año en Fuerteventura
a 14 premios Nobel,
un astronauta (López Alegría) y un
puñado de doctorandos. El Nobel
Richard Roberts hace gala en la isla de un sentido del humor muy
británico: “Soy científico, pero creo
en la magia, sólo tengo que
empezar a decir: ‘En mi último
experimento...’, ¡y mis amigos
desaparecen!”. Roberts asegura que sólo ha fichado
para su equipo a
científicos que no supieran distinguir entre su trabajo y su
ocio. Él
mismo no deja la ciencia ni rodeado de doctorandos junto a la piscina
del Kempinski, cuando ironiza sobre la noticia bomba que para
la
bioquímica han supuesto los avances en el MRNA:
“¡Evolucionamos! ¡Está
claro! Tal vez hacia nuestra propia extinción: ahora ya
somos capaces
de programarla”.
LLUÍS
AMIGUET
VIERNES,
27 JULIO
2007
http://www-org.lavanguardia.es/premium/pdf/PdfShow?p_action=showpdf&p_id=60624346&p_data=20070727
©
La Vanguardia

John Sulston, ganador del Premio Nobel, afirma que las ganancias y las patentes están dañando la medicina.
John Sulston, ganador del Premio Nobel de Medicina en 2002, denunció lo que denominó "corrupción moral de la industria médica".
Sulston advirtió que las ganancias están tomando precedencia sobre las necesidades de los pacientes, sobre todo en el mundo en desarrollo.
El científico hizo sus declaraciones durante el lanzamiento de un nuevo Instituto de Investigación en Ciencia, Ética e Innovación en Manchester, Inglaterra.
Sulston es reconocido por su descubrimiento de las instrucciones genéticas en la vida. Su mapa del genoma humano lo colocó en la vanguardia del esfuerzo científico.
Pero también por su compromiso con la medicina pública y su oposición a la privatización de la información científica.
"Acceso Justo"
Ocho años atrás libró una batalla para que la información derivada del proyecto del genoma humano permaneciera abierta a cualquier científico que quisiera utilizarla.
Ahora plantea que hay una gran preocupación entre los científicos acerca de las compañías privadas que están patentando genes y pruebas experimentales genéticas.
También se muestra preocupado por el mal uso de la información y lo que él denomina "tráfico de las enfermedades".
Sulston traslada estas preocupaciones al rumbo que han tomado la ciencia y la medicina, en un escenario más amplio.
El científico se prepara para asumir la presidencia del nuevo Instituto de Ciencia, Ética e Innovación, que analizará el rol y las responsabilidades morales de la ciencia en el siglo XXI, evaluará cambios posibles y deseables, y propondrá formas de regulación y control.
Sulston quiere que la institución trate de proporcionar normas y orientaciones sobre temas como las patentes de genes, y cómo hacer para que la población en los países en vías de desarrollo pueda tener un acceso equitativo a los medicamentos.
Corrupción
"Alguna gente dirá que no hay corrupción porque no hay ilegalidad, y eso es cierto. Pero creo que hacerle publicidad a una medicina sin dejar en claro cualquier desventaja que la medicina conlleve, así se trate de una medicina que necesitan muy pocas personas... esta es la clase de cosa que yo llamo corrupción. No es corrupción legal; es corrupción moral", dijo el científico a la BBC.
Sir John cree que nuestros sistemas actuales colocan las necesidades de los accionistas por delante de las necesidades de los pacientes.
Según dijo, el mundo -y en especial los países en desarrollo- se encuentra en un punto crítico en términos de suministro de medicamentos a las personas enfermas.
Y aseguró que se necesita un tratado internacional biomédico para resolver asuntos como las patentes y la propiedad intelectual.
La profundidad de la crisis económica, que no es sólo financiera sino también de sobreproducción, ha llevado al G-20 a plantearse una refundación del propio sistema capitalista y grandes subvenciones públicas a los bancos, seguros, automóvil.
Burbuja
farmacéutica y refundación del sector
La
profundidad de la crisis económica empuja a los gobiernos y
al G-20 a rescatar
bancos, seguros e industrias. Se habla de refundar el capitalismo. Pero
poco o
nada se dice del mercado de los medicamentos, cuando en el sector ha
desarrollado una gigantesca burbuja farmacéutica
(medicalización, medicamentos
"me too", publicidad masiva, etc.) mientras una buena parte de la
población mundial tiene difícil acceso a los
medicamentos esenciales. La
burbuja es la consecuencia de la globalización
farmacéutica neoliberal,
donde el lucro ha desplazado a cualquier otra consideración.
Aquí y ahora, son
necesarias nuevas reglas y, en definitiva, una auténtica
refundación del
mercado farmacéutico. Asegurar el acceso equitativo - para
todos - de
medicamentos seguros y eficaces, orientar la investigación
hacia los
requerimientos de los países pobres, privilegiar los
intereses de la salud
pública con una mayor inversión
pública, potenciar el uso racional de los
medicamentos, reglas más estrictas para la
autorización y comercialización de
nuevos medicamentos, la prohibición definitiva de la
publicidad a los médicos y
a los consumidores...
Un artículo en el British Medical Journal propone "erradicar la confidencialidad" que rodea la investigación clínica
Los
pacientes y la sanidad pública reciben un
"pobre pago" por proporcionar a la industria farmacéutica
"la mayor parte del soporte necesario para desarrollar y evaluar nuevos
medicamentos" en Europa. Por ello, los Gobiernos deben abordar cambios
profundos en la forma en que los nuevos fármacos son
evaluados para acabar con el "secretismo" que rodea a la
experimentación de productos farmacéuticos.
Ésta es la tesis que sostienen en un artículo
publicado en el último número de la revista British
Medical Journal dos expertos en materia
farmacéutica, Mario Negri, director del Instituto de
Investigación Farmacológica de Milán
(Italia), y Iain Chalmers, fundador de la Colaboración
Cochrane y responsable de la Biblioteca James Lind de Oxford (Reino
Unido).
Los autores reconocen que la industria corre con la mayoría de los gastos de desarrollar un fármaco, pero destacan que no sería posible conseguir nuevos medicamentos sin la infraestructura académica que sostiene la investigación básica. Además, mediante el pago de la factura farmacéutica y los impuestos, el sector público "compensa a la industria por sus costes en una situación en la que no existe un verdadero mercado".
En este contexto, estiman que las actuaciones de la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA), sobre todo a la hora de evaluar los nuevos medicamentos, están rodeadas de "secretismo", y que sus decisiones "no pueden ser analizadas por terceros". También critican que cuando se aprueba un nuevo fármaco de forma no unánime, los votos particulares no se hacen públicos.
En cuanto a la industria, Negri y Chalmers creen que su "problema de imagen" puede atribuirse a haber priorizado sus intereses frente a los de los pacientes, a que los diseños de los ensayos no se dirigen a saber si un nuevo producto es mejor que los ya existentes, o a la "promoción engañosa" de nuevos fármacos.
Así, entienden que los Gobiernos europeos deben tomar medidas, y proponen cuatro líneas de actuación. En primer lugar, hay que asegurarse de que los intereses de los pacientes, como conocer los efectos a largo plazo de los fármacos, están representados en las prioridades de investigación. Esto "supone un reto considerable, porque muchas asociaciones de pacientes están financiadas por la industria".
El segundo paso debe ser, a su juicio, garantizar por ley la "transparencia" del proceso de evaluación de los fármacos, para no depender de la decisión voluntaria de los laboratorios de publicar sus resultados. "Toda la confidencialidad que rodea la investigación clínica debe ser erradicada", agregan. Además, reclaman evaluaciones independientes de los nuevos productos, y elogian en este punto las políticas puestas en marcha por España e Italia para que los laboratorios contribuyan a los gastos de investigación.
La última de las propuestas de los expertos es que, antes de aprobar un fármaco, se demuestre fehacientemente que supone un "avance real" respecto a los ya autorizados. A cambio, sugieren que las autoridades podrían ampliar el plazo de las patentes farmacéuticas.
Ensayos accesiblesLa patronal farmacéutica española, Farmaindustria, sostiene, por su parte, que tener un nuevo fármaco en el mercado ya es, en sí mismo, un importante retorno para la sociedad, y que el futuro pasa por mantener la "interacción" con el sector público. Fuentes de la patronal explicaron ayer que, desde hace tres años, la industria europea publica los resultados de todos sus ensayos en Internet.
Fuente: Público.es